6.9.11

Andrea Planelles: Evolución histórica de la transexualidad (1)



Contrariamente a lo que algunos historiadores y filósofos contemporáneos han pretendido hacer creer a la opinión pública, la transexualidad no es un fenómeno aparecido en el siglo XX. Sin duda, los avances acaecidos a finales del segundo milenio, no sólo en el campo de la medicina, sino en el terreno de las ideas y las costumbres, han facilitado y acelerado su visibilidad, los medios de comunicación, y algunas manifestaciones artísticas, especialmente el cine, han contribuido notablemente a la difusión pública de la transexualidad; pero existen sobradas pruebas de que al menos la permutación de los roles de género entre sexos y la asunción pública del nuevo género surgieron a la par que la especie humana misma.
Las referencias más antiguas de que se disponene pertenecen al Neolítico(aprox.10.000 a.C.). En las sociedades cazadoras-recolectoras, a los individuos que nacían con algún tipo de intersexualidad, o se identificaban con el otro sexo, se les respetaba, se les dejaba elegir el rol sexual que querían desempeñar dentro la comunidad y eran vistos como signo de buen augurio.
En la mayoría de estas sociedades se les consideraban los intercesores de los dioses y por lo tanto se creía que eran buenos chamanes. Esta manifestación transgenérica se ha dado en muchas culturas del mundo.
El mito babilónico del diluvio de Atrahasis, en el que se basó el bíblico Diluvio Universal, se produjo para frenar la superpoblación de la época. Según dicho mito, para mantener la población en unos niveles controlados, tras el diluvio fueron creados unos demonios que aumentarían la mortalidad infantil, unas mujeres que elegirían la castidad y harían de la virginidad una cualidad, y otras que no podían procrear a causa de su esencia masculina.

Los egipcios utilizaron a los dioses para simbolizar las distintas combinaciones de género y sexo. Es frecuente encontrar mitos relacionados con el cambio de sexo, no sólo como resultado del propio deseo de las personas afectadas, sino también como una forma de castigo. Por ejemplo, el caso de Tiresias, el famoso adivino de Tebas; según se cuenta en su historia, estaba paseando un día por el monte Cileno, cuando descubrió a dos serpientes copulando. Las golpeó con su vara hasta separarlas matando a la hembra, tras lo cual se transformó en mujer. Siete años más tarde en el mismo lugar encontró otras dos serpientes copulando y actuó de la misma manera recuperando entonces su sexo masculino. Mucho tiempo después, en cierta ocasión en que Zeus y Hera discutían sobre si era el hombre o la mujer quien experimentaba mayor placer en el sexo, sin ponerse de acuerdo, decidieron consultar a Tiresias, ya que había podido conocer ambas experiencias. Como Tiresias, dando la razón a Zeus, contestó que era la mujer, Hera, contrariada, lo dejó ciego y Zeus para compensarle, le concedió el don de la profecía y una larga vida.
Otra referencia en la mitología es la de los Escitas, cuya retaguardia saqueó el templo de Venus en Asquelón tras el repliegue de los ejércitos que volvían de invadir Siria y Palestina. Se supone que la diosa se enfureció tanto por ello, que convirtió en mujeres a los saqueadores, y decretó que sus descendientes sufriesen la misma suerte.
Hipócrates, al describir a aquellos Escitas "no hombres", que le parecieron eunucos, escribió: "No sólo se dedican a ocupaciones propias de mujeres, sino que muestran inclinaciones Estas sacerdotisas, tras su castración, solían adoptar atuendos y tareas de mujeres, y algunas de ellos iban más allá, y además de los testículos, eliminaban también su pene.
El mito de Tiresias, mencionado antes, tiene cierta similitud con una vieja historia de la antigua tradición de la India. Según el "Mahabarata", el poema épico más extenso del mundo, el rey Bangasvana fue transformado en mujer por Indra, tras bañarse en un río mágico. Como mujer parió a cien hijos a los que envió a compartir su reino con los cien que había tenido como hombre. Después se negó a ser convertida de nuevo en hombre, tras constatar las sensaciones y placeres del sexo femenino. Contrariamente al destino de Tiresias, al rey transformado se le concedió su deseo.

No son extrañas tantas referencias en la mitología hindú, ya que el sánscrito tiene una palabra, "kliba", que a lo largo de diferentes textos Vedas ha servido para describir a los individuos que no podían considerarse estrictamente hombres o mujeres. Las palabras siempre surgen cuando la Sociedad las necesita. y porque la personas no eligen la sociedad en la que nacen pero si pueden elegir el papel que desempeñarán.

En las culturas de la antigüedad indo-europeas la manifestación transgenérica se continuaba concretando dentro del ámbito religioso: se captaban hombres para convertirlos en adeptas de una divinidad (habitualmente relacionada con los ritos de la fertilidad y la vegetación), se las castraba en un ritual, se las vestía con ropas femeninas y se convertían en sacerdotisas de dicha divinidad. Ésas eran mujeres muy respetadas que vivían de las limosnas de los devotos o ejercían la prostitución. Era el caso de las hijras, Ihoiosais o pardhis de la India. En la actualidad la figura de la hijra continúa existiendo.
Existen numerosos legados de la Grecia antigua y de Roma sobre personas que no aceptaban la imposición de género en el nacimiento. Filón, el filósofo judío de Alejandría, escribió "Dedican toda la atención posible a su adorno exterior, y ni siquiera se avergüenzan de emplear cualquier método para cambiar su naturaleza artificialmente de hombres a mujeres. Algunos de ellos, buscando una transformación completa como mujeres, han llegado a amputarse los genitales".
El poeta romano Manilio escribió: "Siempre irán pensando en su estrafalaria vestimenta y su imagen; rizarse el pelo en ondeantes mechas... pulir sus hirsutas piernas... ¡Sí! Y odiarán su propio aspecto masculino, soñando con unos brazos sin vello. Visten como mujeres... caminando con paso afeminado. Incluso en la historia de los emperadores romanos hay datos de varios intentos de cirugía transexual. Las técnicas quirúrgicas y el instrumental eran muy similares a las que conocemos hoy día, y hay manuales de cirugía obra de Galeno y sus asistentes, que describen con bastante precisión algunas intervenciones sorprendentes para la época.
Probablemente la primera operación de "cambio de sexo" documentada date del año 66 de nuestra era. Parece ser que el emperador Nerón, en una de sus borracheras, tras un ataque de rabia propinó una patada en el vientre a su esposa Popea, que estaba embarazada, causando su muerte. Lleno de remordimiento, trató de encontrar una sustituta e hizo que buscasen por todo el imperio a alguien que fuese el vivo retrato de su amada. Así apareció un joven ex-esclavo, Esporo, cuyo parecido con Popea era notable. Nerón hizo que le transformasen quirúrgicamente en mujer, le cambió el nombre por el de Esporo Sabina, y la mostró durante un año por todo el imperio, hasta que contrajeron matrimonio en el año 67 en Corinto, con el prefecto del pretorio Tigelino como testigo de la novia. Un año después se suicidaron juntos cuando, tras ser declarado Nerón "enemigo del Estado y traidor a la Patria", las tropas del general Lucio Servio Sulpicio Galba entraban en Roma para detenerle.
Otro emperador romano, Heliogábalo, un joven de origen sirio que fue nombrado emperador en el año 218, cuando contaba catorce años de edad, se casó sucesivamente con cuatro mujeres en los dos años siguientes, antes de hacerlo con el esclavo Hieracles en el año 221. Con frecuencia Heliogábalo se vestía de mujer y se ofrecía como prostituta en la puerta de los templos, para provocar a la sociedad romana, cosa que también hizo al casarse con la segunda de sus esposas, Julia Aquilia Severa, una virgen Vestal; pero las provocaciones no habían llegado aún al límite.
En el 222 ofreció una fortuna al médico que pudiese operar sus genitales para convertirle por completo en mujer, con la intención de nombrar emperador a Hieracles, convirtiéndose así en emperatriz. Esto ya fue demasiado para la guardia pretoriana que, instigados por su propia abuela Julia Maesa, nombraron emperador a su primo Alejandro, tomaron al asalto el palacio y asesinaron a Heliogábalo, cuando estaba en las letrinas, junto a su madre Julia Soemias, tanto o más detestada que él mismo. Sus cadáveres fueron arrastrados por las calles de Roma y arrojados al río Tíber.

Diversos estudios antropológicos han encontrado muestras importantes de identidad de género cruzada perfectamente admitida por distintas culturas indígenas. Durante el primer cuarto del siglo pasado, se recogieron extensos datos sobre prácticas tradicionales en varias tribus de indios norteamericanos. En casi cada parte del continente parece haber habido, desde los tiempos más antiguos, personas que se vestían y adoptaban las funciones y costumbres propias del otro género.
Entre los indios Yuma existió un grupo de personas, originalmente varones, llamados Elxa que se consideraba que habían sufrido un "cambio de espíritu" como resultado de sueños que generalmente ocurrían durante su pubertad. Un chico o chica que soñaba demasiado con cualquier cosa "sufriría un cambio de sexo". Tales sueños frecuentemente incluían la recepción de mensajes de las plantas, particularmente la Maranta, a la que se atribuye la propiedad de cambiar el sexo. Si una Elxa, por el contrario, soñaba con un viaje, este sueño implicaba su ocupación futura con las tareas femeninas. Al despertar debía poner la mano en su boca riendo con voz femenina y así su mente cambiaría de hombre a mujer. Los otros jóvenes lo notarían, y empezarían a tratarle ya como mujer. En su infancia, el equivalente opuesto de las Elxa, los Kwe'rhame, juegan con juguetes de niño. Tras la pubertad, nunca aparecerá la menstruación, sus caracteres sexuales secundarios no se desarrollarán, y en algunos casos lo harán de modo masculino. Una inequívoca forma de hermafroditismo o virilización.

En la cultura Yuma se creía que la Sierra Estrella tenía un travestido que vivía en su interior, y que por lo tanto esas montañas tenían el poder de transformar sexualmente a las personas. Los signos de tales transformaciones aparecían pronto, en la niñez, y los más viejos sabían por las acciones de un niño, que cambiaría su sexo. Berdache era el término para aquellos que se comportaban como mujeres. Las Berdaches en la cultura Yuma se casaban con hombres y no tenían hijos propios. La tribu también tenía a mujeres que pasaban por hombres, vestían y se comportaban como hombres, y se casaban con mujeres. Entre los indios Cocopa, se llamaba eL ha a quienes, nacidas varones, habían mostrado un carácter femenino desde la infancia. Se las describe hablando como niñas, buscando la compañía de niñas, y haciendo las cosas de modo femenino. Los llamados war'hemeh juegan con niños, hacen arcos y flechas, tienen la nariz perforada, y luchan en las batallas. Un joven podría enamorarse de un war'hemeh, pero a ellos no les interesa, sólo quieren convertirse en hombres.
Entre los indios Mohave, los chicos destinados para convertirse en chamanes, sacerdotes y doctores que usan la magia y los trances místicos para curar a los enfermos, para adivinar el futuro, y para controlar los acontecimientos que afectan el bienestar de las personas, suelen colocar su pene hacia atrás entre sus piernas y se muestran así a las mujeres diciendo, "Yo también soy una mujer, yo soy igual que tú".

Para los chicos Mohave que iban a vivir como mujeres, había un rito de iniciación durante el décimo o undécimo año de vida. Dos mujeres levantaban al joven y lo sacaban al exterior. Una se ponía una falda y bailaba, y el joven la seguía e imitaba. Las dos mujeres le daban al joven su nuevo vestido y le pintaban la cara. Las alyhas, se debían comportar como mujeres tomando desde entonces un nombre femenino e insistiendo en que al pene se le llame clítoris, a los testículos, labios mayores, y al ano, vagina. Los hwane, se comportarán como hombres, tomarán un nombre masculino y se referirán a sus propios genitales con terminología masculina.
Una alyha, después de encontrar marido, empezará a imitar la menstruación; tomará un palo y se arañará entre las piernas hasta hacerse sangrar. Cuando decida quedar en estado, interrumpirá las menstruaciones, antes del "parto" beberá una preparación hecha con ciertas legumbres que le provocará un intenso dolor abdominal al que se referirán como "dolores del parto". Le seguirá una defecación violenta que se asumirá como un aborto y que será enterrada de modo ceremonial, tras lo que comenzará un período de luto por parte de los cónyuges.
Los estudios antropológicos que se han llevado a cabo, hacen mención de prácticas similares en otras tribus. Entre los Navajo, a las personas llamadas nadlE, un término usado para travestidos y hermafroditas indistintamente, se las denominaba con el tratamiento utilizado para mujeres de su relación y edad, y se les concedía el estatus legal de mujeres.
Las i-wa-musp de los indios California, formaban una clase social específica. Vestidas como mujeres, realizaban tareas femeninas. Cuando un indio mostraba el deseo de eludir sus deberes masculinos, se situaba en el círculo de fuego, donde se le ofrecía un arco de hombre y un bastón de mujer. Eligiendo uno de los dos, marcaría su futuro para siempre.
Entre los indios Pueblo se llevaba a cabo la siguiente práctica; se escogía un hombre muy potente, uno de los más viriles; se le hacía masturbarse muchas veces al día y montar a caballo casi continuamente. La debilidad e irritabilidad de sus órganos genitales que se producía al montar y a causa de la gran pérdida de semen le provocaba una atrofia de los testículos y del pene, la caída del vello facial, la pérdida de la profundidad y timbre de la voz, y su inclinación y disposición se hacía femenina. El "mujerado" perdía su posición en la sociedad como hombre, y sus esfuerzos se dedicaban sólo a asimilarse totalmente al sexo femenino, y a librarse hasta donde fuese posible de todos los atributos mentales y físicos de masculinidad.

Un médico del Ejército de los Estados Unidos describió a una persona así de modo muy gráfico: "Lo primero que atrajo mi atención fue el extraordinario desarrollo de las glándulas mamarias, que eran tan grandes como las de una mujer embarazada. Me dijo que había alimentado a varios lactantes cuyas madres habían muerto, y que les había dado suficiente leche proveniente de sus pechos (un fenómeno que desde un punto de vista científico resulta poco fiable, aunque la apariencia física fuese innegable)".
Las tribus indias de los Pendientes en la oreja (o Kalispel) y los Cabezas planas (o Salish), radicadas en el oeste de Montana ilustran los patrones de la participación de mujeres en la guerra, frecuentes en las grandes llanuras, y que van desde los roles ceremoniales de batalla, hasta la implicación activa como guerreros y líderes.
Los jesuitas Pierre Jean De Smet, Nicholas Point, y Gregory Mengarini llegaron a Montana en 1841 y trataron de captar a los Cabezas planas y a los Pendientes en la oreja a sus misiones (tal y como antes hicieron con nativos de Paraguay). En lugar de ello, acabaron por acompañar a los supuestos conversos en sus correrías de caza de búfalos y en sus luchas contra sus enemigos. Las tribus, por su parte, agradecieron la llegada de los misioneros, esperando que les proporcionasen ayuda sobrenatural. Pero cuando los jesuitas comenzaron a exhortarles a cesar en sus danzas de guerra, en su salvaje obscenidad y en sus vergonzantes excesos carnales, su actitud cambió rápidamente y la colaboración de las tribus cesó, provocando el cierre de las misiones.
Los jesuitas estaban especialmente escandalizados por el papel activo que tomaban algunas mujeres en la guerra. Se unían a las danzas vestidas como guerreros y con frecuencia entraban en combate. Especialmente una mujer de los Pendientes en la oreja se había distinguido en la batalla y era reconocida como un gran líder. Su nombre indio era Kuilix, "La Roja", en referencia a una casaca de ese color que solía vestir, que probablemente fue parte de un uniforme británico. Para los blancos era conocida como Mary Quille, o Marie Quilax, y el padre Point la dibujó y pintó con su casaca y la describió en sus diarios y cartas. Los relatos de las hazañas de Kuilix fueron recogidos en la obra de Pierre Jean De Smet "Viajes a las Montañas Rocosas", publicada en 1844.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 


top